¿Deben los cristianos celebrar la Navidad?

La polémica de si los cristianos deben celebrar la Navidad o no se ha estado en discusión por siglos. Hay cristianos dedicados y sinceros en ambos lados del dilema, cada uno con múltiples razones del “porque” o “porque no” se debe celebrar la Navidad en los hogares cristianos.

La Biblia nos muestra que el mundo celebra el Nacimiento de Jesús (Isaías 9:6; Lucas 1:26-35), es por esto que en esta época del año que millones de personas son movidas profundamente en sus emociones y en sus sentimientos como en ninguna época del año, y aunque JESUS no nación ni el 24, ni el 25 de diciembre, lo aprovecha la humanidad para poder celebrar el nacimiento del hijo de Dios, que se hizo carne para darle a la humanidad una idea concreta, definida y tangible de qué clase de ser es Dios, para que cuando pensemos en Dios pensemos en JESUS, porque JESUS era DIOS en la carne Juan 1:18.

La aparición de JESUS hace más de 2000 años es el elemento central de toda la historia de la humanidad, nunca nadie, en ninguna parte del mundo celebra cuando nació Buda o Gandhi, o se paralizan los comercios, bancos y aun muchos gobiernos ateos, para en muchas partes del mundo celebrar no solo su nacimiento, sino también su muerte y resurrección durante la época de pascua.

Es en esta época de Navidad cuando nos preocupamos de darnos regalos unos a otros y aun la gente continúa ignorando que los mejores regalos nos los dio Dios hace más de 2000 años en la persona de su hijo JESUCRISTO.

No existe una razón bíblica para no celebrar la Navidad y al mismo tiempo, no hay tampoco un mandato bíblico para celebrarla. A fin de cuentas, celebrar la Navidad o no, es una decisión personal. Sin importar la opción que elijas en relación a la Navidad, no debes de usar tus puntos de vista como un arma para atacar o denigrar a aquellos con un criterio opuesto, tampoco debemos úsalo como motivo de orgullo sobre si se debe celebrar esta festividad o no.

En conclusión, podemos decir que como en todo, debemos pedir sabiduría a Aquel que la otorga abundantemente a todo aquel que la busca (Santiago 1:5) y aceptarnos unos a otros en gracia y amor cristianos, independientemente de nuestras opiniones sobre la Navidad.

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